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La Coctelera

collagedeletras

Categoría: Collage de letras

24 Abril 2009

Ya tengo una semana de lectura por delante bastante completa (veáse la foto que encabeza este collage de letras).

Ayer Día del Libro, tuve el enorme privilegio de ser atendido por el Premio Cervantes Juan Marsé. Lo abordé mientras esperaba un ascensor con su traje de pingüino y refulgente medalla recién colocada. Concluído el evento, se dirigía a la exposición que estos días homenajea al autor de "Últimas tardes con Teresa" en otra planta del Paraninfo de la Universidad de Alcalá. Lo encontré nervioso. Dicen que no se encuentra cómodo con indumentarias de gala y más en este día en el que Sus Majestades le condecoraban con tan merecido Premio. Fue muy atento. Me firmo el libro y se hizo una foto conmigo, aunque mirando de reojo el ascensor para que no se le escapara. De naturaleza tímida.

 

"Para María e Ignacio con... (llamaré a un grafólogo) Juan Marsé. 2009                                                                                                                                                                       Por otro lado, ya tengo en mi poder el libro "Correspondencias" de la Editorial Alpha Decay del que hablé en mi anterior post. Y aprovechando estas fechas tan librescas pasé por la Biblioteca a renovar mi carnet. Un carnet que permite mediante internet estar conectado a la red de bibliotecas de Castilla La Mancha. Allí me encontré con la revista "Claves de razón práctica" del mes pasado que viene con un artículo muy interesante tocando el tema del Julio Cortázar lector. Habla de la Fundanción Juan March, poseedora de la Biblioteca personal del argentino. Poco más de cuatro mil libros con anotaciones en sus márgenes ( en tinta roja, verde y negra y a lápiz ) muy , pero que muy interesantes. Gonzalo Celorio nos cuenta que ponen esos márgenes.                                                                                                                                                                                                                                                                                               "Relatos de un Náufrago" lo terminé de releer hace poco. Después de una dosis de mar con "Los Premios" del Cronopio Mayor, me subí a la ola de Gabriel García Márquez.

7 Abril 2009

Hoy me entero leyendo la prensa de un par de hallazgos muy interesantes. En la biblioteca de Nueva Gales del Sur en Sidney descubren la lista auténtica de Oskar Schindler. Son trece páginas frágiles y amarillentas con el nombre de ochocientos y un judíos. "Más allá de sus márgenes se halla el dolor y la tragedia", frase que lamentablemente alguien escribió con mucho tino.

Y por otro lado, un nuevo hallazgo cortazariano. Quizá sea en aquella cómoda de París repleta de papeles o en otro sitio, el periódico no especifíca el lugar. El caso es que descubren la correspondencia de Carole Dunlop (último gran amor del escritor) con la traductora al serbocroata de sus obras, Silvia Monrós-Stojakovic. Correspondencia inédita que publicará la editorial Alpha Decay el 16 de abril (eso dice la noticia). Las cartas reflejan el drama de los últimos años de la pareja, la fatal enfermedad de Julio que trata de ocultar Carole y la repentina muerte de ésta unos años antes de la muerte del gran cronopio. La leucemia dicen, fue su fin, aunque he leído algún artículo por la red que cuenta que nadie sabía realmente lo que tenía Cortázar por aquel entonces. Se le diagnosticó leucemia pero lo más seguro, si no está confirmado ya, fue el Sida, contagiado por alguna de las muchas transfusiones a las que fue sometido por aquel entonces. A principios de los ochenta poco se sabía de esta enfermedad.

Siempre recordaré a la pareja en su viaje de París a Marsella, por la vía más rápida (la autopista) ralentizando el viaje lo máximo posible, deteniendo su dragón Fafner, el tonto y perverso dragón, guardián del tesoro de los Nibelungos, que es una Kombi Wolkswagen roja, bautizada así porque Julio "no se conforma con acepar las cosas como le son dadas", durante treinta y tres días en los descansos de la "cosmopista". Imagínense recorrer catorce kilómetros cada día de un total de ochocientos. El lobo y la osa, como se definen, amándose locamente mientras escriben su bitácora titulada "Los autonautas de la cosmopista",en su viaje más emotivo. Disfrutando como niños lo poco que les queda de vida.

Lástima de final. Mario Muchnik escribe "...Si la palabra cursi no ofende a nadie, estaban acaramelados. Julio pasaba su larguísimo brazo sobre los hombros de ella y, desde las alturas, se inclinaba con cariño adolescente y la besaba en los labios que ella le ofrecía con amor de muchacha enamorada. Ella también usaba sus brazos, pero no es fácil abrazar a una secoya: más que abrazarlo, lo palpaba... ". Lean el texto completo. Merece la pena.

También os dejo este vídeo. Son la pareja viviendo su amor por París. Es un placer observar cómo se graban, cómo han vivido plenamente todo el tiempo que estuvieron juntos. Aquí Lost in París.





 

2 Abril 2009

Recordé a François Truffaut decir (creo que en el libro donde entrevista a Alfred Hitchcock) que los cuadros que más le gustaban eran los que te contaban una historia, cuadros realistas. Quizá por aquel entonces no le apasionaba demasiado el arte pictórico. En los abstractos también se pueden recrear historias o sino pregúntenle a Persio cuando a bordo de el "Malcolm" teje toda una maravillosa historia de pensamientos abstractos sobre el cuadro "El hombre de la guitarra" de Picasso (que dice "...fue de Apollinaire...") tratando de sobrellevar de la mejor manera su travesía kafkiana. Un viaje con retorno en la primera novela de Julio Cortázar. Retorno a "Los Reyes" y el mito del Minotauro, los laberintos, el terror implícito, Poe, Julio Verne... incluso Buñuel y su "ángel exterminador" tan "orwelliano"... Todo amalgamado en esta visionaria obra maestra que acabo de leer y que se titula "Los Premios"...
       
Pero no quiero escribir más sobre "Los Premios". Quiero escribir sobre Andrew Wyeth.
        
Me entero que en enero de este año fallece el pintor del cuadro que me tenía fascinado desde la época de mi adolescencia cuando estudiaba. Aquí dejo unos apuntes.

No importa lo lejos que esté de todo. Agotaré mis fuerzas en busca de la belleza. Mi último soplo será más allá de los surcos que me atan. Eso diría Cristina. A mí que sólo me ata mi cautela. Que puedo ir y venir, privilegiado como tantos otros, caminar, navegar, incluso volar si así quisiera por el mundo... he reparado en su  bucólico microcosmos y me he dado cuenta de su terrible fortaleza. Me asfixia su cielo plomizo, me agota la distancia que ha de vencer hasta la casa victoriana. Terrorífica casa por cierto, parecida a la del film "Psicosis" de Alfred Hitchcock de la que nace una alambrera donde, si uno pone la mirada del miniaturista, reposa algún cuervo transportándote a otro punto del pánico en la filmografía del cineasta inglés.
Angustia implícita en su rostro y en esa silla de ruedas situada en algún lugar del sórdido paisaje. La busco. Sé que está ahí cerca, en algún lugar. Sus brazos raquíticos, las inválidas piernas me lo dicen... Confirmo el comentario de esta obra en otros "blog". La realidad supera a la ficción. 

3 Marzo 2009

Texto publicado anteriormente en otro blog que tenía.

"Cómo te envidio"

Me lo espetó a la salida de la sala oscura, que llora en el drama, ríe en la comedia y lucha en la aventura. "THE END" y el cielo estival nos recibía en la calle con el gorjeo de las golondrinas. Mi brazo hacía de espada luchando incansable contra el enemigo imaginario mientras mi iniciador en tan maravillosa experiencia caminaba ensimismado, tal vez añorando los tiempos en los que también fue Robin Hood. Los tiempos en los que Robin Hood era Robin Hood y no Errol Flynn interpretándolo.

 

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Asturiano viviendo en algún lugar de La Mancha felizmente casado comenta: Comienzo este blog como terapia para relajar mis inquietudes varias. Una de ellas es la escritura. No me pregunten cómo nació esa obsesión. Quizá alguien, en algún pasaje de mi infancia me motivó excesivamente porque veía algo bueno en mí y yo me lo creí. No sé porqué razón me da por escribir poesía. Quizá porque la poesía habla desde el alma. La esgrime y rezuma en el papel. Un papel que cuesta darle forma (a mí por lo menos).
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