Ángel Gónzalez, poeta asturiano, ovetense. De mi tierra. El 12 de enero de este año se cumplía el primer aniversario de la muerte de uno de los más grandes poetas de nuestro país. He creado una categoría en mi blog donde quiero dejar constancia de mi poesía favorita. Y no encuentro mejor comienzo. Dos poemas de Ángel González. Los que ya conozcan a Ángel González (la gran mayoría, por no decir la totalidad de los apasionados por la poesía) reconocerán enseguida estas líneas. Los que lo hayan descubierto ahora por vez primera, espero les guste.     

                                                                               


       
Muerte en el olvido
     

         
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-----oscuro, torpe, malo----- el que la habita....
       
        

Me basta así

    
       
Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, osea
tu mismo olor, y tu manera 
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
----de eso sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso----;
                          entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras 
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando----luego---- callas...
(Escucho tu silencio.
                                                Oigo
constelaciones: existes.
                                                    Creo en ti.
                                                                              Eres.
                                                                                                         Me basta.)