Con la luna de testigo
 tu mirada me mostraba
que el big bang no es pasajero.
 Un banquito en aquel parque 
y unas manos temblorosas
 a la espera de un te quiero... 
El farol que te alumbraba 
en las citas del encuentro,
 los paseos por la playa
 y la vida en los cafés... 
Yo te buscaba la mano,
 me lo pedía el momento, 
dos segundos de silencio
 y el carmín rozó mi piel.
Yo te buscaba la mano,
me lo pedía el  momento...
y mi vida recomienza
donde siempre te esperé.