Con la luna de testigo
tu mirada me mostraba
que el big bang no es pasajero.
Un banquito en aquel parque
y unas manos temblorosas
a la espera de un te quiero...
El farol que te alumbraba
en las citas del encuentro,
los paseos por la playa
y la vida en los cafés...
Yo te buscaba la mano,
me lo pedía el momento,
dos segundos de silencio
y el carmín rozó mi piel.
Yo te buscaba la mano,
me lo pedía el momento...
y mi vida recomienza
donde siempre te esperé.
Muy bonito Ignacio, bien puede ser un tango claro que sí, es tan bonito eso de buscar una mano, el lenguaje de las caricias.
Un abrazo
Anni
Ignacio, cómo me gusta eso de las manos rebuscándose. Quién, no ha estado enamorado, y buscado las manos de la "hembrita" debajo de la mesa, o le ha dado toquecitos con los zapatos en los de ella. SE me vino un trozo de nostalgia, con su poema, Ignacio. Un abrazo, hermano. Argivo
Un besito... me gusta lo primero que leo de tí, volveré con más tiempo. muacckksss
Sí ,yo también creo que debería ser un tango...aunque ya sabes...le falta el final lastimero del amor que no pudo ser, o se perdió o se olvidó para tener el dejo de fatalismo tanguero. Chan-chan!
Besos arrabaleros
Gracias Anni, argivo, mis-esencias y Daniela. Le falta el fatalismo para ser tango si. Tienes toda la razón.
Un abrazo a todos (uno por uno que no os abarco juntos)
Ignacio.