Recuerdo la noche de aquel entonces

era casi luna casi lumbre

las estrellas -tímidas y taciturnas

agorafóbicas incurables-

allá por el norte en tierras costeras

moraban perpetuamente escondidas

tras las cortinas plañideras.

Luego la noche cambió

descendió de la nube inerte

y la gaviota lastimera

se posó en tu mirada

recorrió tu cuerpo

y se acostumbró pronto al tacto

de tu boca.

Desde entonces, así pasó los días la noche

lejos de la tenue luz que la alumbraba

quiso ser lo que no era.