Recuerdo la noche de aquel entonces
era casi luna casi lumbre
las estrellas -tímidas y taciturnas
agorafóbicas incurables-
allá por el norte en tierras costeras
moraban perpetuamente escondidas
tras las cortinas plañideras.
Luego la noche cambió
descendió de la nube inerte
y la gaviota lastimera
se posó en tu mirada
recorrió tu cuerpo
y se acostumbró pronto al tacto
de tu boca.
Desde entonces, así pasó los días la noche
lejos de la tenue luz que la alumbraba
quiso ser lo que no era.

Tras las cortinas de lluvia también hay que saber encontrar la belleza de las estrellas. Seguro que están esperando salir a escena para alumbrar los momentos de los besos.
Un buen poema.
Saludos.
Buen conjunto de elementos para un poema: estrellas, luces y gaviota hechizada por el cuerpo de la mujer y de su boca (supongo) granate, que me hizo acordar del hombre caimaán. que asumió el continente de este reptil, para llevarse una bella hembra, como dicen los costeños colombia. Un abrazo. Argivo